Humedales

El Área del Patrimonio Mundial de los Trópicos Húmedos cuenta con una gran variedad de ecosistemas acuáticos: arroyos rápidos que fluyen desde las cimas de las montañas, ríos rápidos que caen en cascada a través de desfiladeros y cascadas, ríos costeros serpenteantes y humedales asociados, comunidades de manglares y estuarios. La mayoría son ecosistemas de agua dulce, pero las comunidades de manglares costeros y los sistemas de estuarios albergan ecosistemas tanto de agua dulce como de agua salada.

Pequeñas zonas del Área del Patrimonio Mundial pueden incluir también especies marinas en los sistemas de manglares y estuarios y mamíferos marinos como las tortugas que anidan en las dunas sobre la playa. El límite del Área llega hasta la marca de agua baja. Algunas especies de agua dulce, como el barramundi y la anguila, pasan parte de su ciclo vital en el medio marino. Estos valores acuáticos son compartidos con el Área del Patrimonio Mundial de la Gran Barrera de Arrecifes adyacente.

La biorregión está drenada por 13 sistemas fluviales principales, la mayoría de los cuales desaguan hacia el este en la zona del Patrimonio Mundial de la Gran Barrera de Coral y están vinculados a los ecosistemas marinos de ésta. Hay 30 humedales de importancia nacional identificados en la biorregión de los Trópicos Húmedos. Los sistemas de agua dulce de los Trópicos Húmedos contienen una biodiversidad extremadamente rica. Por ejemplo, 80 de las 190 especies australianas de peces de agua dulce se encuentran en los trópicos húmedos. Los sistemas de agua dulce son el hábitat preferido de 30 especies de ranas, 16 de reptiles y 73 de aves.

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Datos sobre los ecosistemas acuáticos

Los efectos humanos sobre los ecosistemas acuáticos pueden ser consecuencia de la contaminación, de los cambios en el paisaje o en los sistemas hidrológicos y de impactos a mayor escala, como el cambio climático global. La complejidad de los ecosistemas acuáticos y los vínculos que existen en ellos pueden hacer que el efecto de las perturbaciones en ellos sea difícil de predecir. Estos vínculos significan que el daño a un componente del ecosistema puede llevar a impactos en otros componentes del ecosistema. Una mayor comprensión de los ecosistemas acuáticos puede conducir a mejores prácticas que minimicen los impactos en los entornos acuáticos.

Características de los ecosistemas acuáticos

Un ecosistema acuático es un ecosistema que se encuentra en una masa de agua y la rodea, a diferencia de los ecosistemas terrestres. Los ecosistemas acuáticos contienen comunidades de organismos que dependen unos de otros y de su entorno. Los dos tipos principales de ecosistemas acuáticos son los marinos y los de agua dulce[1] Los ecosistemas de agua dulce pueden ser lénticos (agua de movimiento lento, como charcas, estanques y lagos); lóticos (agua de movimiento más rápido, por ejemplo, arroyos y ríos); y humedales (zonas en las que el suelo está saturado o inundado durante al menos una parte del tiempo)[2].

Los ecosistemas marinos son los mayores ecosistemas acuáticos de la Tierra y existen en aguas con un alto contenido en sal. Estos sistemas contrastan con los ecosistemas de agua dulce, que tienen un menor contenido de sal. Las aguas marinas cubren más del 70% de la superficie de la Tierra y representan más del 97% del suministro de agua del planeta[3][4] y el 90% del espacio habitable de la Tierra[5] El agua de mar tiene una salinidad media de 35 partes por mil de agua. La salinidad real varía entre los distintos ecosistemas marinos[6]. Los ecosistemas marinos pueden dividirse en muchas zonas según la profundidad del agua y las características de la costa. La zona oceánica es la gran parte abierta del océano donde viven animales como las ballenas, los tiburones y el atún. La zona bentónica está formada por los sustratos situados bajo el agua, donde viven muchos invertebrados. La zona intermareal es el área entre las mareas altas y bajas. Otras zonas cercanas a la costa (neríticas) pueden ser las marismas, las praderas marinas, los manglares, los sistemas intermareales rocosos, las marismas, los arrecifes de coral y las lagunas. En las aguas profundas, puede haber respiraderos hidrotermales donde las bacterias quimiosintéticas del azufre forman la base de la red alimentaria.

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Ecosistema terrestre

Como se resume en este libro, se han realizado enormes avances en el conocimiento de las vías enzimáticas específicas por las que los productores sintetizan diversos lípidos y los consumidores los transforman en los ecosistemas acuáticos. Las investigaciones recientes también indican que, además de los AGE, los lípidos fitoesteroles pueden desempeñar un papel fundamental en la fisiología nutricional de la fauna acuática. Este libro también cuenta con capítulos de vanguardia sobre la utilidad de los ácidos grasos como biomarcadores de la transferencia de materia y energía en los ecosistemas acuáticos. Los productores primarios que se encuentran en la base de las redes tróficas acuáticas suelen tener perfiles distintivos de ácidos grasos y muchos estudios han demostrado que estas “firmas” de ácidos grasos pueden utilizarse como rastreadores de la dinámica de las redes tróficas. Los lípidos también desempeñan un papel importante en la transferencia trófica de una variedad de contaminantes orgánicos persistentes solubles en lípidos, y se acumulan selectivamente incluso con contaminantes no solubles en lípidos, como la potente neurotoxina metilmercurio. Algunos ácidos grasos también pueden servir como sustratos a partir de los cuales se producen algunas toxinas y metabolitos alelopáticos.

Por Nerea Pico

[email protected], soy Nerea Pico. Te invito a leer mi blog, soy una apasionada de la naturaleza.